domingo, 8 de mayo de 2016

Profilaxis


La lluvia diluyó nuestras pisadas
sobre el polvo que puebla aquel camino
que recorrimos juntos, en el que apenas quedan
más que flores ahogadas y esperanzas marchitas

Acaso llegue un tiempo
en que ya no recuerdes mi rostro ni mi nombre,
que ni siquieras sepas 
por qué de cuando en cuando tu boca  se estremece
al notar que echa en  falta un tacto y un sabor.

Que te olvides de mí
resulta previsible.

La vida no perdona  lo caduco
 y va pidiendo paso la urgencia  que reclama
 un nuevo amor sin rastro de reservas,
 que acelere el latido,
maquille de colores las mañanas
y  a las noches las vista de pasión.

Que te olvides de mi es lo sensato

No conviene llevar  
tatuadas efemérides  de hierro y calentura
sobre las cicatrices.

Hay que dejar espacio
para que corra el aire y se avienten
los últimos resabios de amargores
que habitan la memoria,
para crear vacíos anhelantes
 de que llegue a colmarlos la ilusión.

Que te olvides de mí 
es lo más natural , 
no hay cuerpo ni hay espíritu  que aguanten 
cuatro siglos rumiando pesadumbres.

Por eso ,si me apuras ,

que te olvides de mí sin advertirlo
es algo , más que nada, profiláctico.

Que te olvides de mí, de igual manera
que yo, un día sí y otro tampoco,
estoy ya casi a punto de olvidarte.

Carne de membrillo


Como el membrillo
voy madurando al sol de los ocasos
serenos del otoño.

Sus rayos tenues y dorados  son 
la caricia perfecta.

La artimaña inocente  de que se vale el tiempo
para domar  lo adusto.

No hay quien se resista a la exquisita
largueza de sus dedos enguantados
de un cálido impudor,
 que sin parar  percuten
sobre la pulpa agraz que ha resistido
el embate ardoroso de múltiples veranos
y logran reducirla y sonsacarle
su punto de sazón.


Yo nunca fui frambuesa ,
ni nací delicada nectarina,
yo nunca tuve vocación de hacerme
maceración de todos los dulzores, 
ni ofrecer sin lucrarme
a cualquier labio torpe mi elixir.


A mí no consiguió la primavera
venderme sus camelos e imposturas
que pronto se marchitan 
y que dejan reseco y exprimido
tu caudal  primigenio de emoción.


Y ahora,sin embargo,
sé que la suavidad que me pretende
me acabará venciendo.


Que habré de ser la carne ilusionada
que se atreve a soñar con granazones
cargados de futuro.


Con  hibernar al fondo de un almario
y en ir  dilapidándome
frutal y sensitiva.


Con inundar  sus íntimos rincones
 con ese inimitable bouquet que solo presta
el esencial y auténtico esplendor.