miércoles, 1 de marzo de 2017

Diálogos de sordos


Yo tengo la costumbre
de andar hablando a solas .

Hasta me hago a veces  la ilusión
de que hablo contigo.

Incluso en ocasiones
-mueve la lengua la soledad añeja-
a un Él indefinible
y muy probablemente sordomudo,
por si acaso me escucha,
lo interpelo.

Un silencio da fe

de la atención que ambos le prestáis
a la futilidad de mis palabras.

De Él espero al menos
que en su décimo día de ociosidad abúlica
por puro aburrimiento,me conteste

lunes, 27 de febrero de 2017

Agujero


Yo no preciso más que este agujero
que, sin nombre en los mapas, se adereza
de la serenidad y la tibieza
para quitarse el rispo de lo austero.

No voy a presumir de que me muero
porque no muero ya,que la cabeza
no me desbarra aún...Es , con franqueza,
que en él me sueño tal y cómo quiero

Destilando amargores, cada hirsuta
arista de su espacio la decoro
con una ardiente estrella diminuta.

Tal jilguero extasiado es mi latido
que el silencio consigue hacer canoro
hasta que el respirar cobra sentido.


Desalmado arte


Cómo quisiera padecer de olvido
del mismo modo que padezco ausencia,
contradecir su tóxica querencia
y dejar el ayer sobreseído.

Utilizar lo poco que he aprendido,
dar lección magistral de coherencia
y graduarme “ cum laude” en esa ciencia
que enseña a no volver a lo vivido.

Aplicarme en forjar caparazones
erizados de espinas y/o, sin pausa,
con la vida llegar a algún acuerdo .

No sé si le dará más ocasiones
a la que es doctor “honoris causa”
del arte desalmado del recuerdo.

Escolástica


Que existe Dios es algo que se intuye,
aunque pensar en Él causa pereza
Tal es la enormidad de su grandeza
que al pobre ser mortal se le escabulle.

Es esta una verdad que no se arguye
con ninguna escolástica. Tropieza
en piedra , cuando es naturaleza.
de Dios irse vaciando en lo que fluye.

Luego están los variados diosecillos
que cada cual pergeña a su semblanza
con que algunos se llenan los bolsillos.

Y lo que es peor, esos humanos
dioses predicadores de venganza
que manchadas de sangre tienen siempre las  manos. 

Peaje


De siempre he presentido las arenas
mi lecho natural y tu oleaje
en ritmo con que fluye en maridaje
la sangre de mis las venas.

No causa más que penas
nacer para ilustrar el estiaje
y que te calcen como un guante el traje
de nácar y la voz de las sirenas.

Después, qué importa el gaje
del rigor de la sal o que amortaje
el yodo en un amén las azucenas.

Hoy me colma la luz de enhorabuenas,
qué amable es someterse al vasallaje
del vaivén con que oradas y serenas,

!Benditas en mis carnes tus carenas!
Cada milagro paga su peaje.


Bipolar


Necesito sentir bajo mis pies
la tierra, como hace un vagabundo,
para andar por las sendas de este mundo
sin dar muchos traspiés.

Conozco las texturas
de sus barros , domino el colorido
de sus piedras, sé el nombre y apellido
de todas sus arenas, si me apuras.

Pero en la amable calma
que reina ciertas noches de verano
la mirada levanto al firmamento.

Es mágico el momento
en que acaricio el cielo con la mano
y reconcilio el cuerpo con el alma. 

La vida


La vida...Nadie sabe por qué se nos regala...
O por qué se nos vende tan cara en ocasiones.
Queremos apropiarnos sus más preciados dones
y el   tiempo  es hipoteca que nadie nos avala.

Como madre solícita, suele tener a gala
mostrar sus ubres llenas y tersos sus pezones,
y como puta vieja , a poco que te pones
a gozarla de cerca, le ves la cara mala.

Hay que vivir a ciegas, qué importa si nos toca
en la frente y nos signa su estrella rutilante
o si nos muerde el alma y al caos nos aboca.

Porque es pasión y vicio, delirio y sinsentido
hay que amarla a la fuerza y apurar cada instante
que al final sólo importa saber que se ha vivido.

La desvalida carne y otros goces



La desvalida carne se hace queja
del hambre y de la sed, de que le obliga
el vivir a lidiar con la fatiga
en lucha despareja.

Luego, la muy ladina ,bien se calla
que la piel es amiga de otros roces
de más amenidad y arde en sus goces
en un festín canalla.


El alma sí que sabe,
discreta, soportar en su clausura
silencio y soledad hechos tormento


Solo tiene aquel suave
consuelo del poema y de su pura
vocación por servir de linimento.




Sonora soledad


Lentamente en el cielo se consume
la lámpara de aceite de otro día,
herida de luz roja, con que asume
que , como yo, se agota en su porfía.

Siento cómo me invade una profunda
serenidad gozosa y turbadora,
un silencio apacible que me inunda
con su inefable amenidad sonora.

Y se adueña de todos mis espacios
una armonía que jamás he oído,
creadora, dulcísima, enervante,
colmando los vacíos más reacios.

Aunque no estoy soñando, a Dios le pido
no despertarme nunca de este instante .

Por fin mi esfera alcanza a  estar cerrada:
Nada me sobra y no me falta nada.

" Rasé"










¿Nadie te ha dicho nunca
que pareces un pobre espantapájaros?

Un remedo de hombre,mal compuesto
a base remiendos y  retales.

Una silueta inmóvil,
de brazos desmayados, recortada
contra un cielo plomizo ,
un triste despropósito
al que acuden los pájaros más tristes
-los que ya nunca cantan-
a posarse a lo hora del crepúsculo.

Nadie te dijo aún
que resultas patético,
sumido como estás en la constante
paradoja de tus contradicciones

Ah, claro , lo olvidaba,
vivimos en un mundo
en el que la verdad desnuda ofende.

Hoy por ti
y mañana por mi, disimulemos...

Digamos que es “rasé”
esa pose de monigote inerme
de hierática elegancia.

Condenado a confiar
en un soplo de brisa para sentir que hay algo
que te anima, te enerva y te estremece.

Para fingir que dentro 
sigues teniendo  todavía un alma.









Los sobrevivientes

Siempre lo supo,
la tierra y no el cemento
es lo que trajo escrito en su adeene.

La ciudad tiene el alma de granito.

Aquí solo prosperan
las aves que no cantan.

Los hombres que se aviene sin quejarse
a soportar el frío.

A ir sobreviviendo siendo otro rostro anónimo
entre la masa de los sobrevivientes.

A no mirar a un cielo
en el que nunca brillan las estrellas,
pues fueron desbancadas
por deslumbrantes luces de neón.

Sabe lo perentorio
de buscar sus raíces en los parques
de árboles anémicos y césped amarillo.

Sin más expectativa
que hacer de sus paisajes fabricados
señal de identidad.

  Y sentarse en un banco recoleto
a darle de comer a las palomas
 rumiando soledad,
mientras espera
que algún día la muerte lo libere.