lunes, 24 de julio de 2017

Aficiones


No sé si me interesa
el dedicar los pocos minutos de descuento
que aún pueda quedarme
a hacer vivisecciones.

Ya casi no me duele
pero percibo a ratos una inquietud difusa
cuando en los pedernales que me llovió la vida
afilo la palabra.

Sangrar, no sangro mucho,
es solo que es molesto notar con qué deleite
escarba en los adentros
con impudicia lúdica.

Un reguero traslúcido
apenas si delata
que dentro de ese cuerpo aún hay un espíritu
capaz de conmoverse hasta la iniquidad
degustando estertores.

No ofrecen miel
ni aplauden
las mínimas luciérnagas
que se dejan el alma persiguiendo
el rastro imperceptible
de su luz mortecina y me descubren
el lado más patético,
más oscuro y más triste de mi noche.

Me sale más a cuenta
cambiar mis aficiones , dedicarme
a ser taxidermista.

Consagrarme con celo a disecar
a filo de palabra
y voz de sal y azogue,
hasta que ya no hiera,
el sentimiento.

Son los ojos,
los que aún me fallan,
no consigo que tengan
ese brillo carente de humedad del vidrio muerto.







Licántropa



Notó que se afilaban sus colmillos,
ante un nombre cualquiera, cómo hirsuto
logró ponerle el pelo un impoluto
verbo y volver sus ojos amarillos.

Restó importancia a que arrancase brillos
cada acento en sus garras,o en su esputo
aflorase un silencio diminuto
que le azogaba el vientre de cuchillos.

Y se negó sentir la inoportuna
ansiedad de beberse, sed de loba,
la sangre inalcanzable de la Luna.

Pero acabó cediendo a su perverso
y bajo instinto,mística se arroba

aullándose a placer verso tras verso.

Rincón


Qué bien sabe barrernos el viento de la vida.

Como a las hojas secas
en una danza extraña , sin orden ni concierto,
nos trae y nos lleva hacia ninguna parte
hasta arrinconarnos
en cualquier recoveco, junto al culo del mundo,
donde ruina y olvido
organizan sus cónclaves.

Yo casi le agradezco
este anónimo espacio donde no es necesario
fingir que todavía
esperas,
ni ocultar,
bajo un pétreo disfraz, debilidades
por todos conocidas,
por todos compartidas, por todos perdonadas,
ni huir
con estúpida inercia hacia adelante.

Aquí ya solo queda
acomodarse en algún abrigo
donde nos bañe el sol de media tarde,
que es tan tibio en otoño,
y respirar
gozando cuando el aire te conforta por dentro
sin pedir nada a cambio

Y mirar hacia el cielo con agradecimiento
porque aún es azul
y santiguarse
y rezar esas preces que aprendiste de niño
y ,a pesar de lo agnóstico que se declara el labio,
todavía perviven
en alguna alcancía del alma en la que echaste
a dormir lo valioso.

Y pedirle a quien sea
que mande en el capricho de los vientos alisios
que detenga los pálpitos lunares.

Que tarden en llegar a este reducto
final ,
tan compasivo,
las futuras,
airadas,
tempestades.