Estos días de raso y confitura
que pasan sin sentir, pues se deslizan
sobre el envés de un tiempo que eternizan,
son la definición de la blandura.
Sobre la levedad de su estructura
los recuerdos apenas cristalizan,
como el aliento, se volatilizan
en una suerte de buenaventura.
Mejor así, ¿Quién quiere ser rehén
de la memoria, usual caleidoscopio
de imágenes que truecan su ensamblaje?
Cuando se está tan cerca del “the end”,
lo menos doloroso y lo más propio
es ir aligerando el equipaje.