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Gravitamos,
lo mismo que polillas, dando vueltas en torno
a cosas que no existen.
A aquel tiempo pretérito,
que se va evaporando y se transforma
en un poso impreciso que nos deja en los labios
un sabor a añoranza.
A un futuro hipotético
que está por escribirse,
intentando forjarlo con la espuma
etérea de los sueños.
Pero la vida es aquí y ahora,
puro presente sólido,
que tanto sabe a anís como a veneno
que unas veces consigue que rebose
de alegría y de paz el corazón
y otras te hiere.
Somo seres patéticos,
que pasan de puntillas
sobre su realidad,
que existen
para vivir absortos,
enfrascados,
en tratar de atrapar la mariposa
utópica, nutrida con la esencia
de todo lo inefable.
Triste quehacer estéril
que agota nuestras fuerzas,
y amortigua el latido
Que nos apaga el brillo en la mirada
cuando toca enfrentarse a la verdad
de que no hay ningún modo de encontrar ni una pizca
de su polvo dorado manchando nuestros dedos.