Y al fin ¿ qué diremos?, ¿ que ha valido la pena
el andar peleándonos tan a brazo partido
a diario con la vida?, ¿que tiene algún sentido
dedicarse a cumplir nuestra humana condena?
Y aún habrá quien diga que aquel que haya salido
sin muchos desperfectos de tal marimorena
todavía tendría que estar de enhorabuena
y a algún dios tutelar cantarle agradecido.
Que de las ilusiones que fuiste pelechando,
mejor no echar la cuenta, es norma estipulada
que la gatera debe cobrarse su peaje.
Aun reticentes, todos lo acaban aceptando
-incluso si es el pago en sangre coagulada-
pues casi nadie quiere que se termine el viaje.