sábado, 16 de julio de 2016

Tiempo de adagio



Hace ya tanto tiempo que no escribo
un poema de amor ,que extraña el viento
las reverberaciones  de mi acento
cantando con pasión su don fruitivo.

Me he bajado en marcha del tiovivo
mareante que lleva en  un momento,
del arrobo extasiado hasta el tormento;
 si no  lo gozo, al menos sobrevivo.

Pero a ver quién le cuenta al  desganado
latir del corazón lo apasionante
que puede resultar ver que amanece.

Su ritmo sinusal sigue el dictado
de la rutina más anestesiante,
y en un adagio  triste se amortece. 

lunes, 11 de julio de 2016

Sabiduría ancestral


Lo sabemos

Con ese extraño pálpito del saber ancestral,
nosotros lo sabemos
igual que ellos lo saben.

Como los elefantes por instinto,
conocemos que ya estamos  a punto
 de alcanzar el límite
donde ya no hay retorno.

Que ha llegado el momento  de enfrentarnos
 a   nuestra gran verdad
y eso tiene un precio.

Recogernos
sobre nuestro pudor  y retirarnos
buscando  ese camino irreversible,
 cabeza erguida y apariencia digna,
 marchando en soledad hacia adelante.

Saborear  a fondo los sorbos del  frescor
que nos brindan  al modo de arroyos cristalinos
las fuentes del saber
y recrearse 
buscando aquellos últimos 
destellos del ingenio en sus meandros .

Y luego diluírse 
en las estribaciones del silencio
allí donde  enmudece el canto de las aves.

Mientras un  Sol  agónico le entrega
su último esplendor al horizonte

Obsolescencia programada ( Idus de Agosto)


Me lo digo mil veces cada día:
Aunque a veces nos duela
la  displicencia con que nos trata el aire,
no hay ningún motivo
para desproticar sobre la suerte 
de seguir respirando

De continuar sujeto a los apegos
de las santas rutinas que nos llevan 
por las rutas estáticas de siempre.

Hoy el rito que toca 
es placentero y místico, se trata de buscarles
una razón de ser a nuestros ojos.

De elevar la mirada soñadora
hacia el cielo  sereno en que la Luna
apacienta las recuas de astros del estío
y dejarnos llevar 
por su deslumbramiento.

Aun a riesgo de ver
 esa escueta  verdad que nos aturde.

Que únicamente somos
 ruín obsolescencia programada
envuelta en lucidez,
que se desvive
por  hallar un adarme de ambigua trascendencia
entre su nimiedad.

Que interroga  a destajo los silencios
y  solo encuentra
en su piel  afiebrada  que suspira
la fiel definición de soledad.

Que se adivina única y absurda

Que  sospecha que nunca habrá de hallar
en nada algún sentido.

A no ser en los piélagos 
prolíficos del llanto.

¿ Quién dijo que no había  peligro en descuidarse 
con los idus tan mágicos  de Agosto...?

Estación agostada



Nada ha cambiado, 
sigue siendo  el cielo
un oceáno azul que se regala
inmenso a nuestros ojos ,  deslumbrándolos
con su simplicidad y revelándoles
la exacta dimensión de la belleza.

Y el prado sigue estando , como siempre,
salpicado de aromas y dispuesto
a acoger nuestro peso  y a dejarnos
probar cuánto  esplendor  cabe en su  hierba.

Cuánta pasión  anónima,
 dispuesta a  ver la luz y a redimirse
se esconde  ilusionada en nuestra piel.

Cuántos cansancios
soportan sin quebrarse nuestros huesos.

*****

Seguro que resulta todavía
 esta ocasión amena  para muchos.

E incluso  la perfecta para alguien.

Pero no para mí.

Siento una vaga
opresión  sobre al aire que disuade
de la celebración.

 Algo me dice
que  mi tiempo pasó,  que ya no hay huecos
en mi carnet de baile  y solo quedan
apenas esos últimos compases  
alegres de mi música.

Que solo soy un pétalo  que finge
que  danza mientras tiembla.

Una aprensión que intuye
que en la bancarrota de su carne  germina  y se hace fuerte
la estación agostada

*****
Sobre la brisa flota
un  nosequé inquietante que recuerda
el aliento  herrumbroso de Diciembre.

Todo me invita ser  aceptación
ascética y prudente,  a regresar
allí dónde no llegan los rumores
agitados del mundo
y  a mirar hacia adentro.

A ver únicamente lo que importa.

Que he sido feliz 
  a ratos,como tantos,
y como tantos otros , comúnmente
me he sentido frágil, 
perdida , vulnerable, desdichada.

Que soy afortunada   por vivirlo
y por reconocerlo.

Por sentir 
el  apremiante impulso  de mostrarme
 profunda y totalmente agradecida,
de contarlo y cantarlo 
con toda vehemencia verso a verso,
antes de que la voz  me desdibujen
los vahos de la escarcha

Y solo encuentre auténtico   placer en  habitar
la estación  en que medran,
definitivamente,
 los silencios.