Existen
los instantes impregnados
de una
especie de magia ,
que
tienen la textura y el sonido
de la
seda salvaje.
Son
aquello que llegan
arropados
de música ,
dispuestos
a
conseguir que lata
a su
ritmo de otra vez el corazón
Por
sorpresa te envuelven
en un
velo invisible de seducción y encanto
y se
detiene el tiempo.
Y hasta
puedes soñar
que
terminó el invierno de las noches preñadas
de
soledad y frío,
que a
su compás revive
y
entre alburas florece el cerezo del patio,
que
murieron los días
de los
largos silencios.
Son
solo tres minutos,
pero
bastan
para
saber que existe la alegría
y la
felicidad
y a
veces hasta sobra
para
rozar con dedos temblorosos
los
márgenes del cielo .
Termina
la canción.
Cesa el
hechizo
Regresa
el grito hiriente
de la
realidad.
Prosaica,
ambicionando
amortajarte a base grisuras
la
mirada de nuevo de tristezas.