sábado, 23 de enero de 2016

Siempre me falta noche



Será que a ciertas horas
me vuelvo  extañamente  sensitiva
y afecta a lo trivial, 
pero me enerva
 esta  condensación de los languores,
 apenas insinuada, 
dispuesta a echar raíces
sobre el perfil  del aire.

Porque yo me conozco...

Y es que sé que lo mismo que me duelo
con cualquier aflicción  y que suspiro
y hago mío el  aliento melancólico
 con que el instante vívido hasta el climax
al expirar suspira y se disuelve,
de idéntica manera 
sé que puedo atrapar  sin dramatismo
las esquirlas de paz  que se han quedado
flotando a la deriva
después de que deflagra
la palabra a fuerza de silencios.

Todo es cuestión de cultivar parcelas 
de quietud y penumbra,
permitir  que florezcan en ellas los enigmas
y descifrar sus claves a base de desvelo.


*******

Siempre me falta noche.

Siempre me sobran horas desabridas,
 arrasadas de luz
en que enterrar mis sueños irredentos,
aquellos  que presumen de noctámbulos,
libres almas bohemias
 que suelen esfumarse con la aurora.

Hay recuerdos hermosos,
de aquellos que merecen ser guardados
como valiosas gemas adornadas
con engarces de música y ternura
en el rincón más íntimo
 y más acogedor de la memoria.

Nunca será bastante
la protección y el mimo 
con tal de preservar su espléndido tesoro
ante las mezquindades
que tras cualquier esquina de la existencia esperan.

Saben quedarse allí, lujo de incógnito,
bajo el manto de polvo que los años
nos prodigan gustosos.

Pacientemente esperan su momento,
aquel en que el hastío nos hostigue,
el golpe del dolor nos desarbole
y la aflicción  nos venza
para venir a ser nuestro consuelo.

Para llegar prendidos de un aroma, 
 una sombra ,un sonido o un fulgor
a susurarte al borde del oído: 
tú también conociste 
un tiempo  más risueño en el que amaste
con la misma pasión que te  quisieron
y bailaste en noches estrelladas
valses bajo los pomos de las lilas.

Acaso no nos sirvan
para ahuyentar del todo las eclipses
que en los ojos nos pone la tristeza.

Pero una  veladura de emoción
 en algo alcanzará a disimular
el indiscreto brillo de las lágrimas.

Secreto a voces

Tu olor se me aproxima
-más bien me pone cerco-
pregonándote a voces
hasta envolverme entera.

Tembloroso,
me cuenta febrilmente aquel secreto 
que quisieras callar:

-"! Clavel! ! Rojo pasión !!!!"



Flor de azahar,
-" ¿ Sí ....?"
pétalos   anhelantes que suspiran,
todo oídos los poros  de mi cuerpo.

jueves, 21 de enero de 2016

Paisajes interiores


Es lo que tiene el frío,
que todo alrededor se acaba contagiando
 de sus conjuras y sus coartaciones.

Hay un vaho perlado que embellece
los paisajes de invierno
  y empaña los cristales.

En su labilidad se difuminan
mis rasgos, 
no distingo
si flota la tristeza 
o se ahoga el dolor en la negrura
del fondo de mis ojos

Pero aún puedo ver como las gotas
se arrastran dubitantes,
   dibujando regueros caprichosos
y tenues que semejan
 el fluir silencioso de las lágrimas.

Dependo de mi aliento,
de su frugal textura.

De mi facilidad  para aceptar
con total impudor el autoengaño
para lograr librarme sin fractura ni duelo
 del embarazo de mis claudicaciones.

Es lo que tiene el frío,
que solo nos permite pensar en refugiarnos
en las tibias certezas.

Aquellas que remiten
 a velados paisajes interiores.

Deshabitada


Ya no sé si regar las siemprevivas
o bordarme en la piel las iniciales
de todos mis ausentes.

Si abrillantar el horno 
 tarareando un lied desafinado
o aventar polvaredas de cenizas
 donde  pueda emboscarme  
del amargo sabor de  mis derrotas
o engañarlas 
con la argucia de siempre
ponerme  a hacer rosquillas de anís mientras escribo
algún nuevo poema

Quizás hoy me decida
a hacer lo necesario,
buscar,
-no todo está perdido en la memoria
que entre tinta y papel dormita en mis cajones-
 buscar hasta que encuentre
la dosis de  valor que me hace falta
 para contarle en prosa mi verdad 
más íntima a la rosa de los vientos:

Que no recuerdo el rostro que tenía
aquel que un día amé.

Cuando la tarde
no me imitaba aún, no era un suspiro,
prófugo de la luz.

Deshabitado,
ajeno,
diluyéndose
sin rastro de alegría o de tristeza