jueves, 21 de enero de 2016

Deshabitada


Ya no sé si regar las siemprevivas
o bordarme en la piel las iniciales
de todos mis ausentes.

Si abrillantar el horno 
 tarareando un lied desafinado
o aventar polvaredas de cenizas
 donde  pueda emboscarme  
del amargo sabor de  mis derrotas
o engañarlas 
con la argucia de siempre
ponerme  a hacer rosquillas de anís mientras escribo
algún nuevo poema

Quizás hoy me decida
a hacer lo necesario,
buscar,
-no todo está perdido en la memoria
que entre tinta y papel dormita en mis cajones-
 buscar hasta que encuentre
la dosis de  valor que me hace falta
 para contarle en prosa mi verdad 
más íntima a la rosa de los vientos:

Que no recuerdo el rostro que tenía
aquel que un día amé.

Cuando la tarde
no me imitaba aún, no era un suspiro,
prófugo de la luz.

Deshabitado,
ajeno,
diluyéndose
sin rastro de alegría o de tristeza