lunes, 23 de mayo de 2016

Oficio de arrebatos



Sucede en ocasiones
que la vida se queda empantanada
entre dos estaciones desabridas,
sin emoción ni estrés,
donde no te conmueven
el frío o el calor.

 Su plano discurrir
no te da  ni un motivo , ni una excusa
de reír, de llorar,
de contar nada 
que merezca la pena reseñarse,
 gastando en el   relato 
el tiempo, la saliva y las palabras.

Entonces te dedicas febrilmente
a  levantar alfombras y ver si está escondido
debajo por  sorpresa
el mundo en el que habita tu unicornio.

A limpiar los cristales para ver
más nítidas las nubes
 y a perseguir aladas fantasías
por  los cielos de nadie.

A regar el jardín 
cuando está iluminado por  la Luna
para ver si los lirios te regalan
una  historia de amor.

A levantarte 
antes que salga el Sol ,para exprimirle
 a  la primera la luz de las mañanas
la justificación para un poema.


Luego están esos otros
días en que la vida, sin aviso,
se despereza, 
se quita las legañas,
se mete en  su corsé de femme fatal
y le da por ponerse interesante...


Entonces ya no hace  mucha falta
echar mano al oficio de contador de historias
que llevas en tus genes.

Solo es enamorarse
del latido procaz de cada hora.

Y sentir.

Y escribir, dejando que  se asome
el alma por la pluma.
hasta que las costuras te rechinen.

Hasta que sientas qué deleite causa
sumirte en tus abismos
para alumbrar verdad.

Y el ir certificándola
con la rúbrica roja
y arrebatada de  tu propia sangre.