martes, 8 de mayo de 2018

Craquelada




Y ahí,
en algún lugar
de un pecho descuidado y sorprendido,
un algo se rompió,
sintió el sollozo
del cristal al quebrarse,
noto el mordisco de las astillas rotas
buscando hambrientas carne fresca en la hondura
de su fragilidad.

Sufrió el tormento
abrasador de hielo derretido
que fue alud vaciándose a mansalva
sobre su corazón
y agotando de golpe los impulsos
de correr de su sangre.

Luego
todo se hizo costumbre...

Suelen decir que el tiempo
nos curas las heridas,
todas,
las incontables tajaduras
que el roce de una piel sensitiva en exceso
contra otra piel sensible
y el paso de los días nos procura.

Dicen...

Pero es mentira.

Únicamente las maquilla un poco.

Y las va endureciendo con una fina pátina
de mansedumbre y conformidad.

Hoy incluso
habrá alguien que diga que hay un algo hermoso
en la realidad atormentada que guardas a recaudo,
como en una vitrina,
en el vasar más íntimo del alma.

Que no hay obra de arte
tan primorosamente craquelada.