martes, 10 de marzo de 2015

Silencio agreste



La noche es una inhóspita
cohabitación de ausencias desabridas
que coagulan
y vuelven pétreo el aire.


Y la luna una espera que bosteza
mientras va dibujando con pulso desmayado
sobre la displicente frialdad de los cristales
nunca documentadas
rutas a Shangrilá..

Tu piel es un desierto intransitable
y mi cuerpo una estatua
de indiferencia y sal.

La noche es una amarga travesía
sin suspiros, sin quejas y sin lágrimas.
La aciaga peripecia de dos náufragos
en un mar de alquitrán.

Arden las horas, 
se nos llena el espacio de un humo que se espesa
y atormenta los párpados.

Sobre el lecho las sábanas insomnes
tiritan
desahuciadas de amor
y buscan en la albura de su jardín de invierno
la huella
de un pájaro sin nombre
un fulgor conservado en naftalina
de una antigua ternura,
una caricia
que quedó abandonada por azar,
pétalos que confirmen
que allí también fue abril.

La noche es la patética extrañeza
del reposo sin calma,
del sosiego sin paz.
El tormento impensable
de esa feroz tormenta que no te da cuartel
bajo la superficie inofensiva
de un vaso de agua.

La noche es este frío
creciente y sepulcral .

La soledad es este
largo silencio agreste compartido.