jueves, 5 de marzo de 2015

Y yo también





Y yo también.
Y yo también le canto a la flor.

Aun sin quererlo, 
compulsivamente,
lo mismo que le canta el ruiseñor:
a veces inspirándose en su dicha,
otras, las más,
afina los arpegios de su arpa
con  hábil maestría  el desamor.

Incluso, en ocasiones,
es cantar por cantar.

¿Y quién nos dice
que  dejarse embaucar por la aureola
 discreta y entrañable que nimba  lo sencillo 
 no lleva a  rutilar ?

Se trata únicamente
de entregarse al placer del abandono
y entrar en resonancia,
con la música que suena alrededor:
el diálogo del sauce con la brisa,
el ritmo anaranjado  de la tarde,
el suspiro oloroso  
con que el pinar se funde con la noche,
la sinfonía espléndida del mar.

O aún mucho mejor,
dejar en libertad  ,ancho es el aire,
al corazón ,rapsoda empedernido,
 de dejarse fluir...

 E improvisar.