miércoles, 30 de diciembre de 2015

Solsticio de Invierno


Parece que fue ayer que paseábamos
despreocupadamente,
 dejándonos llevar por la blandura
que emanaba  la tarde  
y la disposición que propiciaban
los almendros floridos
a aspirar  sin mesura    las fragancias etéreas
que enervaban  los pliegues 
más íntimos del aire

Entonces no existían 
los celajes cargados  de grisuras
ni había otro  cuidado,
más allá de saber si te quería 
yo más , 
con más pasión,
o  con más devoción y más fervientemente
me adorabas tú a mí.

O si sería el nuestro 
uno de esos amores  inusuales
que dicen  que se enquistan en el alma
y duran para siempre.

Parece que fue ayer cuando las noches
además de ser cortas eran claras.

Y amenas .

Y felices .
Y brillaban hogueras a lo lejos
y se oían
 zureos incesantes de palomas
que invitaban a  amarse suavemente.

Parece que fue ayer , pero han pasado
tantos años capaces de ir desvaneciendo
la ilusión de que existen los aromas,
de que  la vida puede, 
además de vivirse ,  ser bailada
al compás  incesante de un bolero.

Han pasado
tantos y tantos días  en que han ido
perdiendo su viveza los colores.

Tantas noches  sin Luna en que olvidaron
su calor las caricias
su ternura  más lúdica las manos.

Tantos amaneceres  y tan gélidos...

 Ha  terminado siendo fatalmente
el aliento de frío una rutina
que ya no mortifica,

El silencio una forma de expresarse.

La oscuridad benéfica  costumbre.

Cada cosa  termina
por hallar  su ventana de  ocasión
y ocurre cuando debe.

Ahora no es extraño que se imponga 
la lógica prosaica 
y eficaz de  lo pétreo.

 Que  reinen  sobre el cosmos  ahogado en la desidia
 en que languidecemos  por  pereza
de tener que morirnos ,
estas horas  ascéticas ,
oscuras,
lentas... 
...tristes.

Ha llegado a quedarse
 el solsticio de invierno.