viernes, 15 de mayo de 2015

La espera



Totalmente absorta observaba el ir y venir de la gente a su alrededor. 
Todos  los día  celebraba idéntico ritual ,se sentaba en el mismo velador y me pedía el mismo refresco:

- Un limón sin gas, por favor. Ah , y no le ponga cubitos de hielo.

Luego, mientras se lo bebía muy despacio, escrutaba  detenidamente el movimiento de las bocacalles al tiempo que consultaba de vez en cuando  su reloj. Al anochecer pedía la cuenta:

- ¿ Cuánto le debo? ¿ Uno cincuenta? Aquí se lo dejo. Gracias.

Después se marchaba sola, tan sola como había venido .
No me llevó demasiados días  el  llegar  a la conclusión de  que no aguardaba a nadie.

Tardé mucho más en comprender que, en realidad,  cada tarde esperaba que alguien llegase.