jueves, 14 de mayo de 2015

Tiempo de cerezas



No fue porque en sus noches
cualquier sueño tuviese su pizca de color
y despertase
-saciados los cansancios-
a un amanecer de trinos que danzaban
sobre un cielo apacible.

No fue porque sus días
trajesen los bolsillos rebosantes
de nueces o camuesas ,
de gorriones sin nido ,predispuestos
a dejarse abrigar por nuestras manos,
de canicas,de chochos y confites...
...de pimpollos de risas
anidando en la cálida blandura de la boca
prontos a florecer.

No fue por su obcecada decisión
a ignorar el otoño
y a impedir que en el aire de octubre flameasen,
junto al olor del mosto y los membrillos,
hilachas de nostalgias.

Ni siquiera,
el que en los copos mansos del invierno
solo viesen los ojos el spot persuasivo
de un porvenir de campos hechizados
de pétalos de albura
y augurios de dulzores de cerezas
fue lo que hizo al tiempo
pasado apetecible,
acreedor
de su canto elegiaco.

Fue que en él todavía
existía un futuro.

Y que aún teníamos
para afrontarlo piélagos de ingenuidad y lágrimas