viernes, 19 de junio de 2015

El canto del cisne


Ya no me quedan pájaros ni flores,
ni afónicos ni lánguidas siquiera,
con los que disfrazar de primavera
la estación otoñal y sus rumores.

Se me fueron durmiendo los olores
sobre la piel, soñando la quimera
de la brisa de un tacto, vana espera
en esta estepa de los desamores.

Pero aun así me sobra el desvarío
suficiente en la voz, y si Dios quiere,
he de engañar el tránsito hacia el frío.

He de arroparme el alma con un cante
dulce y triste, muriendo como muere
un cisne, hecho lamento deslumbrante.