martes, 16 de junio de 2015

En el desván


A veces, cuando menos te lo esperas,
mientras haces limpieza , entre los chismes
que fuiste acumulando en tus armarios,
te encuentras un tesoro.

Una concha de nácar
que conserva impoluta la memoria
del reflejo en el agua del fulgor de la Luna
del rumor de las olas al besar las arenas,
del sabor salitroso e intenso de una boca ,
las dulces sensaciones
de los últimos días de un verano,
gozados junto al mar.

El relicario
de una foto amarilla que rescata
la imagen de aquel tiempo en el que era
vivir confiadamente
el único argumento concebible,
reír lo cotidiano,
soñar lo natural.

Un libro de poemas
de páginas gastadas , tatuadas en sus márgenes
con rojos corazones ,que sirve de sepulcro
a un par de pensamientos disecados,
tan frágiles que el roce
de la luz puede herirlos.

 Y ocurre, por ensalmo,
que en  el baúl que guardas 
en el desván más íntimo y secreto,
donde  también has ido postergando
aquellas emociones
que sin saber por qué consideraste  inútiles,
un algo se remueve.

Se sacuden el polvo
los recuerdos que fuiste atesorando
en previsión de épocas mucho menos felices
y suben hasta el pecho, livianos como plumas
brillantes como gemas facetadas
que todo lo que tocan
liberan y embellecen.

Y el peso de este día
se aligera hasta casi lo asumible.

Y sabes que tu labio
podrás prestarle al canto sin el miedo
de que tu voz se quiebre.

Que en cada si bemol hoy no vendrá a asaltarte
a traición una esquirla de tristeza