domingo, 1 de mayo de 2016

Mirlo


Canto,
canto a pleno pulmón.

Como un mirlo poseso
que tuviese una espina clavada  en la garganta
y a gorjeos  quisiese liberarse
de su agresión,
desesperadamente,
 a todas horas canto a voz en grito,
 sacando  así de quicio  a los perros y gatos
 de nuestra vecindad
y haciendo estremecerse los cristales.

Canto por no escuchar 
de qué manera aulla el dolor en mis venas.

Por no tener que oír
el silencio tan hosco que deviene
detrás de las catástrofes.

Después de que  se quiebra poco a poco
 la pena y sin canciones ni pretexto
para justificar otro latido  
se queda el corazón.

Canto por no llorar.

Canto para acallar  las ganas locas
que siento  muchas veces de  morirme.