jueves, 23 de junio de 2016

Ni una menos



La tierra se rebela con un grito
de impotencia al sentir como en su entraña
entierran a otra flor, que la guadaña
del machismo segó en un torpe rito.

Y hasta llegar aquí , cuánto infinito
sufrimiento quebró la frágil caña
de la azucena con terrible saña
e irracional horror nunca descrito.

Qué siglo  ha de acabar esa ceguera
de organizar el mundo a la manera
de uno , cuando a dos  les  fue confiado.

Y se valorará que se reviste
de entrega la mujer y  un hombre existe
porque alguna es su vientre lo ha llevado.

Que pobre y desterrado
del paraíso, mucho menos triste
vivirá si lo hace a su costado.