domingo, 17 de julio de 2016

El propio abandono


Renuncio a desangrarme
en los  brazos  de un   sueño  tempestuoso
que solo por capricho de la suerte  
-o , ¿ quién sabe?, de la fatalidad-
 lograría cumplirse.

Dimito de correr sin un respiro
persiguiendo   mis  más puros anhelos.

Solo así puedo ser
la dueña de mi tiempo y de mi espacio,
decidiendo en qué punto 
de la prosa  infinita que conforman mis días
se desvelan mis noches


Y saber del languor
opresivo  y malsano que causa atrincherarse
contra el propio abandono.