domingo, 20 de noviembre de 2016

Ahora



Ahora,
que vamos caminando, rodeados de bruma
con las manos vacías y el corazón cansado
hacia un lucero opaco que se extingue,
la duda nos asalta .

¿Será verdad
que un día se cumplió aquello que en las noches
del estío soñábamos mirando a las estrellas
o ha sido solo un sueño?

Pero entonces
cómo es que nos queda este regusto
amargo de nostalgia,
esta punzante
sensación de carencia sobre el pecho.

Las flores fueron flores y encendían
nuestras pieles sus lúdicos aromas
y el cielo nos miró con complacencia.

Y supimos
lo que era el amor.

Ahora,
que vagamos perdidos, sin un astro
que guíe nuestros pasos por la mitad del Valle
de las Tribulaciones
y es una obligación recuperar
cualquier remoto atisbo
de fulgor espectral que nos alumbre .


¿Qué nos puede salvar de la desesperanza
sino cerrar los ojos y creerlo?