martes, 13 de junio de 2017

Orweliana


 Sin una duda, sin un gesto que me delate ,rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas.

Me temblaban las piernas el día que me arriesgué al primer y solitario cambio. Con el paso de los días,al ir ampliando el número,fui ganando confianza, hasta  que he llegado a  sentirme como una especie de pequeño  dios , capaz de decidir su futuro.

Ahora los críos  ya lo toman como parte del protocolo y yo ya   no siento ninguna emoción al transgredir por completo la monótona tarea ,tan poco acorde con mis aptitudes, que me fue asignada por El Cómite:

Azules hacia la izquierda, donde el aleccionamiento los condicionará como dóciles peones de por vida.

Verdes  a la derecha , rumbo a la educación rigurosa y esmerada,propia de la élite dirigente .

Todo lo decide también el Comité, claro está. 

Debieron  haberlo mediatado mucho  más, antes  de considerar   no apto a mi hijo.