miércoles, 21 de diciembre de 2016

Jardín inglés




Yo nunca he pretendido apoderarme
del cáliz de la dicha obligatoria
y beberme devotamente a sorbos
hasta el fondo las heces de su hastío.

Ya ni siquiera hay que llamarse a engaño.

La Luna
con su mortaja de papel de plata
es un ahogado más en el estanque
donde flotan las carpas y se pudren
los nenúfares con tal de no aburrirse.

El jazminero es sólo un trapantojo
y a los pavoreales engolados
ya se les ve el plumero

Todo es efecto de guardarropía
que oculta lo perverso del propósito.

¿ Quién puso los barrotes
que blindan este absurdo paraíso
sólo apto para estúpidos y ciegos?

Allí afuera
la tentación del páramo es reclamo.

Una promesa implícita
de austeridad candente y libertaria
para la boca que se quiere grito,
para las piernas que aborrecen límites,
para el vientre reseco al que le caben
cuarenta hijos bastardos,
para el furor del corazón que aspira
a cien cismas,a un millón de hogueras,
a un número infinito
de estrafalarias muertes anunciadas
que lograrán hacerlo indestructible

El ángel
de los ojos vacíos y la sonrisa ausente
me señala el confín de mi horizonte
con su gladio de hielo.

En el banco de piedra,
junto al parterre de las nomeolvides,
debo esperar sentada mi destino.

Jardín inglés, lujoso mausoleo,
doloroso esplendor en decadencia,

Silencio y soledad que bien se guardan
tras tu verja alambrada y tus cerrojos.