martes, 16 de mayo de 2017

De extraviados



No hay más que mirarte
para saber por qué …

Hay un sinfín de estrellas diminutas
que acuden cada noche y se quedan dormidas
sobre las suavidades de tu pelo.

Una rosa le pide al hueco de tu mano
su asilo generoso.
Las palomas se esconden arrullándose
en ese nido tibio que es tu pecho,
el arco iris bebe
en tu risa los manatiales puros
de luz y de cristal,
se embebe el viento
hasta quedar prendido en el amable
sedal de tus suspiros...

Yo prefiero
perderme en mirada refulgente ,
y limpia como un de cielo de verano.

Y hacer de ese extravío
mi espacio de ventura,
allí donde consigo olvidarme de todo.

Incluso de la angustia que provoca saberse
barro y fragilidad.

Un ser que se conoce
yuque para el martilllo del dolor
e innecesario
y solo porque tiene cada día
la dicha sin igual de contemplarte
se alegra de seguir estando vivo.