jueves, 18 de mayo de 2017

Mudez


Ya no encuentro placer en la palabra.
La ácida o la dulce, da lo mismo,
todas brotan con tanto conformismo
que hacen que la boca me desabra.

Siempre quise saber la que escalabra
las conciencias y vuelve un sinapismo
sobre ellas al aire, hasta que labra
su leyenda de santo malditismo.

La que al tiempo seduce a un violonchelo
y lo hace sonar como un sollozo
de amor sobre la noche confidente.

Pero de nunca se cumplió mi anhelo
Mejor guardar mi voz tras el embozo
discreto y bienhechor de lo silente.