lunes, 8 de mayo de 2017

Resiliencia


Y de pronto olvidé
cuál era la razón de mi congoja,
cuál era el fundamento de mi urgencia
y por qué estaba allí,atropellándome
la vida sin piedad.

Solo podía
contemplar cómo iban hilando florituras
las palabras en torno a lo inefable
hasta volverlo casi inteligible,
capaz de subyugar hasta que entregue
el cuerpo más que al alma algún suspiro.

Y digno de que existan
los días sin rutinas ni zozobras
en los que cada instante huela a estreno.

Podéis llamarlo alzheimer,
delirio o chaladura,
si es que os place.

Yo lo llamo milagro.

Ilusión,
lucidez reconquistada...

Y bendita virtud de resiliencia.