domingo, 27 de mayo de 2018

Suave talud del tiempo



Me siento tan cansada...
tan triste,
tan perdida...

No sé dónde buscar
alguna solución a mis problemas.

No sé dónde encontrar
un pecho que me acoja en mis pesares,
un beso que me alivie en mis desvelos.

Sumida en mi extravío
y en mi indefensión
ni a mí misma me hallo,
pues ya no soy la sombra de la sombra
de aquella que ayer fui
y por mucho que escarbo en la imagen difusa
de mi antiguo esplendor que guardo en recuerdo
solo hilachas de niebla
sin forma y sin sustancia
se me quedan pegadas en los dedos.

Y llegan las preguntas
que perturban mi espíritu.

¿ En qué gasté mi vida?

¿ Valió la pena amar
tan entregada y tan devotamente
a todos mis amores
para verme obligada hoy a esta tortura
de sumar tanta pérdida?

¿Fue sensato afanarse
con apasionamiento
en tejer imposibles encajes de palabras
para que languidezcan
y se vayan poniendo amarillentos,
olvidados de todos?

Mejor hubiese sido
sentirme piedra sólida,
muda , sin vocación
de andar redimiendo verbos intransitivos
y ajena a los afectos.

Y dedicarme a imaginar que hay nubes
de inefables colores,
 que cruzan y sombrean generosas
la sedienta heredad de los desiertos
en los que sobrevivo,
que ausculto los rumores de sus vientres de agua,
mientras sueño apropiármelos
al tiempo que disfruto de la tenue caricia
de una lluvia de Abril
sin ninguna mesura.

Siento que me diluyo
y me voy deslizando por el ineludible
suave talud del tiempo,
que me aboca a fundirme con el río
eterno e infinito de la nada.

Y no sé si lo siento...

Después de tanto afán  tan desnortado
quizás encuentre allí ,
el plácido descanso que ansío y me merezco.