Aquí voy, de regreso, ya vencida
mi frente, que antes fue tan altanera,
caminando derecha hacia la hoguera
de una agónica luz de atardecida.
Viendo mi triste imagen, quién dijera
que en otros tiempo fui la preferida
de los cielos, feliz y bendecida
por la gracia más linda y hechicera.
Pero de mi destino no me quejo,
incluso la más bella entre las rosas
rinde sus atributos de tal suerte.
Solo pido templanza ante mi espejo
y cuidar de mí misma y de mis cosas
hasta el instante mismo de mi muerte.


