lunes, 6 de febrero de 2017

Yunque y martillo de la monotonía





¿ Y esto era todo?
¿ Todo se queda en esto?

La misma oscuridad
cegando la mirada expectante por ver
un alba diferente que debe conformarse
con contemplar la bruma 
de un idéntico lunes repetido y lluvioso
de este único invierno

Esa mueca- sonrisa que me es tan familiar
como si fuese mía
ensayándose nueva ante el espejo
para recomponer -trabajo de Penélope-
la inconsistente máscara que corroyó  la noche
con la que escamoteo a los ojos del mundo
los estragos del tedio.

El mismo café amargo
con que engañar las dos horas de sueño
que casi siempre faltan,
la misma sacarina
para suplir- ! qué más quisiera ella!-
la dulzura del todo necesaria.

El semáforo plantado puntual
junto a la misma esquina
  • de habitual cerrado-
haciéndote perder la vida que pasa a media cuarta
de tus mismas narices,
como siempre siempre en el último
minuto y medio.

Los mismos rostros,
los mismos gestos,
las mismas voces, las mismas inflexiones.......

Este paisaje ya se lo conocen
mis zapatos sin suelas y mis lágrimas.

El carrusel ,
monocorde a la par que enloquecido,
ya ni divierte,
es
únicamente un vértigo
que está llegando al punto de la náusea.

Menos mal que hay dolor,
bestia negra,
el yunque y el martillo
de la monotonía.

Sobre él,
como quien danza a solas 
desnuda y de puntillas  sobre ascuas
se mantiene despierta y vigilante
la esperanza-
! Qué loca equilibrista
de corazón ardiente!-
de que este hoy que se me antoja eterno
cambie en algo mañana.

El dolor,
lo ferviente
de su ferocidad
es ese clavo ardiendo que nos salva
de ser carne insensible.

Que al menos su inclemencia
aun siendo siempre igual
a cada rato punza con diferente saña.