miércoles, 31 de mayo de 2017

Prólogo


Fue una tarde de Mayo a la orilla de un río
salpicada de álamos , bajo cuya sombría
protección nos dejamos llevar por la ardentía.
y el puro desvarío.

Quedaban todavía
sobre el tapiz de hierba los restos del rocío
de la mañana fresca y el leve escalofrío
que obsequiaba a las pieles hasta se agradecía.

Vincas de la ribera
y margaritas blancas supieron como el peso
de dos cuerpos amantes puede ser de liviano.

Sabor a primavera
celestial en los labios se nos volvió aquel beso
primerizo que ,urgente, prologaba el verano .