domingo, 18 de junio de 2017

Carnavaleras


A mi casi no me arredra,
lo tengo tan asumido
que resulta divertido,
sacar agua de una piedra.
Es que me enseñó la hiedra.
Posee esa habilidad:
callada y con humildad
su raíz lame la roca
y , por más que sea poca,
aprovecha su humedad.

También me enseñó el temor
hacia el fingimiento . Ella,
en apariencia tan bella
se pudre tras su verdor.
Si miras alrededor
crees saber lo que ves,
pero puede que no estés
viendo más que una ficción.
Ni el mundo es una ecuación
ni sigue regla de tres.

La vida es un carnaval.
Es el reino del embuste
y , te guste o no te guste,
me temo que te da igual.
Pues resulta que al final,
con más o menos descaro
-hasta aquel tipo tan raro
que siempre se hace el estrecho
y se da golpes de pecho-
todos pasan por el aro.

A cada cual su antifaz.
Por variedad que no quede
y si no se te hace adrede,
el caso es ir de falaz.
Con el de " la santa faz",
que suele disimular
la tibieza de ignorar,
Satanás acierta un pleno.
Y luego el cielo está lleno
de santos sin bautizar.

Lo malo no es disfrazarse,
lo malo es ser un taimado
que va siempre de tapado
con tal de beneficiarse.
No hay malicia en aliviarse
de tanta preocupación
con un poco de evasión.
Si en un infierno habitamos,
que al menos nos divertamos...
! Todos bailando el bayón!!