jueves, 20 de julio de 2017

Si pudiera




Yo poco sé de perros ni de rabias


Y todavía menos de rumores
de aquellos que acongojan
sin tregua los oídos solitarios
ladrando en las esquinas del silencio
el recuerdo de tiempos más felices.

Mi nombre es soledad ,
macero carne muda
y supuro aguasal desde que existo.

Si tuviera en las manos
los ungüentos más caros del oriente,
si pudiera
derramar su virtud sobre la noche
que se ceba en tus días
y así hacerte la vida que te abruma ,
no digo más feliz,
más soportable...

Si alcanzara a poblarte la derrota
de palomas torcaces desangradas
a base de entregarte en aleteo
mis últimos latidos.

Si supiese
lo que las hembras por instinto saben
ahogar entre suspiros las angustias
más feroces de un hombre
a base de exhalar concupiscencia.

Pero apenas salitre
le queda a mi tasajo con que darle
su salario al barquero ,
su placer al gusano,
su desagravio al cuervo que a graznidos
pregone, plañidero, mi elegía.

La cáustica y debida
satisfacción que espera aquella llaga
que certifica que no es piedra inerte
lo que siente dolor.


Este dolor de ahora que me nace
al sentirme impotencia.

Si pudiera...

Pero es que yo no soy de espuma o raso,
de perfumes ni de pétalos de almendro
de arroyos de aguamiel ni mandarinas
de auroras ni arrebol...

Ya lo he dicho, supuro
gota a gota aguasal desde que existo
como una maldición que me serena.

Solo puedo,
por si es que te consuela , acomodarme
sobre mi pecho todas las miserias
del tuyo devastado.

Y luego, mansamente,
sentir tus penas y llorar contigo.

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