De soneto en soneto sobrevivo.
Como en un loco juego de la Oca
escribo porque es lo que me toca
para explicarme el mundo en el que vivo.
Montada en tan lunático tiovivo,
no es extraño que vierta por la boca
la náusea o la emoción que me provoca
tanto súbito giro sin motivo.
Encuentro cada día alguna excusa
para pedir que llegue a mí esa musa
que me sopla al oído algo indiscreto.
Lo cierto es que ellos son placer en vena,
una droga feliz, que me encadena
a tal vicio divino y obsoleto.
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