Cómo pesan los pies de atardecida,
qué triste es recorrer, paso tras paso,
esa última etapa de la vida
que es el gris Sendero del Ocaso
Sufrir la impredecible acometida,
de diluvio a tormenta, a cielo raso,
sentir que la coraza entumecida
la corroen las hieles del fracaso.
Y, pese a todo, continuar, atento,
mirando al cielo, por si su semblante
se vuelve más proclive a la bonanza.
Mientras resista el cuerpo y el aliento
se empañe, hay que seguir hacia adelante
por caminos de niebla y esperanza.

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