Pues habrá que decir que nos complace
este tiempo sin pulso, suspendido
sobre la quebradura del latido
mientras llega, fatal, el desenlace.
Pues habrá que fingir que es bienvenido
ese sosiego íntimo, en que nace
la armonía esencial, que a este desguace
de nuestro devenir da algún sentido.
Por mucho que en arena la transforme,
hasta la piedra inerte se resiste
a que el rigor del agua la remuela.
Nadie me pida a mí que esté conforme
con esta realidad, prosaica y triste,
que al sublimar mi esencia, me cancela.

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