lunes, 10 de octubre de 2016

Los lisiados



Siempre pensé que no podía huir.

Que una telaraña imperceptible
-ya sabéis, eres tú y tus circunstancias-
me atrapaba aquí abajo
aunque el aire pidiese
a gritos que volase

Luego llegó la etapa del cinismo,
del ! Total para qué????

Si el cielo no existía,
o no era tan azul,
o dónde iba sin alas...
o era un lunes sin sol.

Hoy ya no tengo edad
de andarme por las ramas mareando perdices.

Hoy sé
que la verdad es siempre muy jodida.

Que inmenso e inquietante,
mordaz con el que pierde el equilibrio,
cruel con el que cae y sin clemencia
con lo que huele a sangre derramada
y a debilidad,
pero espléndido al tiempo en posibilidades
con quien apuesta fuerte
el mundo está ahí.

Y yo aquí dentro...,
ajena
enmarasmada
en mi propia quietud
y convencida
de que, de haber montaña, ha de llegarse
hasta este lugar .

Donde la calma es
el mandamiento décimo primero.

Donde nada te escinde,
donde nada te abrasa ni te hiela ,
Donde nada es tormento ni prodigio,
donde nada te turba,
donde nada te inquieta porque no existe nada
que perder ni ganar.

Donde solo se mueven a gusto los lisiados.

Y - ¿ por qué no decirlo?-
los cobardes.