lunes, 9 de enero de 2017

Dimisión




Hoy renuncio a mi trato con el mundo.

Clausuro mis sentidos,
abandono
mi compromiso de ser testigo fiel
de todo lo que pasa,

Aunque quiero gritar ,
muerdo mis labios,
cierro los ojos
y firmo así una tregua
conmigo misma.

Elijo
ser ciega libremente , pues de nada
sirve observar de frente la crueldad
con las manos lastradas de impotencia.

No oír
todo lo que no sea la música del viento,
purgando sus rumores
de los ayes y llantos que me llegan
desde los cuatro puntos cardinales.

No sentir , revestirme
el corazón de escarcha
para no padecer por las miserias
feroces que adivina
mi sangre al resonar en su oleaje
con la inquietud del agua.

Escabullirme

en la virtud dudosa del espacio   vacío ,
en donde los sonidos enmudecen. 

Con tal de no abismarme en la congoja,
 renuncio hasta a pensar
 y, si es que es necesario,
hasta dimito
de mi enojoso oficio de poeta,
que me obliga de forma inexcusable
a hablar con voz de alumbre.

Porque si cuento la verdad, acaso,
¿habrá alguien que tenga el valor de escucharla?

Y para urdir mentiras no me llega
a mí la cobardía.

Todo lo que debiera contar , mejor callarlo.

Cómo se ensaña en hombre contra el hombre,
como ignora
los lamentos del río,
las demandas del aire,
los avisos de la naturaleza
de que a nuestro costado abusador
medra el apocalipsis.

Que el futuro
que con certeza espera a nuestros hijos
es negro  sobre negro. 

Y tiene alas

Porque en un mundo lleno de cadáveres
solo los cuervos heredarán la tierra.