miércoles, 28 de junio de 2017

Beso


No sé si lo soñé o si es que acaso
antes ya de nacer, su peregrina
huella tatuó en mi boca una genuina
querencia a su abandono dulce y laso

Un tacto en que el deseo se hace raso,
un olor a elixir de mandarina,
un sabor a pasión y a sal marina
que ofrecen como un bien su don escaso.

No hay embriaguez mejor, no hay otro vino
capaz de arrebatarme hasta el exceso
la voz y el corazón y hacerlos trino.

El aliento de Dios creo que apreso
en el instante mismo en que adivino
la quimera encendida de tu beso.