jueves, 5 de febrero de 2015

Amigas del alma

No  le dije que lo sabía.
Que  yo también, como ella, llevaba un tiempo espiando gestos , acechando olores, recelando de llamadas interrumpidas, de ausencias injustificadas...
 Adivinando en sus besos fríos lo que su boca negaba . 
Que, muerta de celos, lo seguí hasta aquel hotel donde confirmé mis peores sospechas .
La voz de Marta sonaba a desamparo:
- "Estoy segura, Consuelo ,estoy segura...Mi marido tiene un lío y por lo que he podido ir averiguando, creo que  se trata de  su secretaria.
La indignación no tuve que molestarme en fingirla:
-"¡ Sinvergüenza! ¡ Qué bien engañados que  nos tenía a todos!¿Sabes lo que te digo?Que no te merece.  Mira, búscate un buen abogado, pide el divorcio y sácale hasta el último céntimo! Sabes que cuentas conmigo .
Acabó llorando sobre mi hombro.
Para eso estamos las buenas amigas.