domingo, 8 de febrero de 2015

Palabros


Al corazón, la tibia golondrina
rastreadora de la primavera,
que en tus alteres te ofrendó sus alas
y aprendió a zurear por arrullarte ,
sueles llamarlo músculo cardiaco.

Al pecho,
jaula angosta,
en que por ti lo encierro
  • ¿ O es entierro? ,
  • - quizás en esto aciertes-
    es en tu jerga de apisonadora
simple caja torácica.

Cada sonrisa
es una contractura muscular
que obedece a un estado emocional y lábil
-sin reglas claras-

Emisiones de aire
que se ajustan a un código preciso
y moduladas convenientemente
son, en tu argot ramplón, lógico-estructural,
mis palabras .

Y un poema,
constelación donde mil mundos caben,
un estrellado amanecer de imágenes
que brillan, se consuman y se apagan,
es a tus ojos
extraño y preocupante desajuste
de mis locas neuronas,
naufragando en su nada.


Mucho me temo que para ti el amor
-lo pienso con frecuencia últimamente-
es la rutina ,
triste,
burda-ritual-sabática.

Pues a esa entidad
de ubicación incierta e imprecisa
y de existencia nunca demostrada,
dónde nacen los sueños
y se mantiene viva la esperanza
contra viento y marea,

tú,
el hijo de la santa
patrona de auxiliares de primera
expertas diplomadas
en intercambios carnales- crematísticos,
libre eres de llamarle
como te venga en gana.


Que cuando se nos nubla sin pensarlo,
el día y cada hora
es esa aguda púa ,caníbal de mi carne,
y respirar abruma
porque la angustia arrasa
cuando la vida aprieta hasta que ahoga,
yo
voy a seguir diciendo que me duele
el alma.