lunes, 13 de marzo de 2017

Siglo de Oro



Reconforta volver a contemplar de lejos
las cosas más risueñas de los días amables .

Yo bien podría

escribir los anales de los años oscuros
y los lustros sin lustre.

De aquel siglo de plomo,

en dónde la existencia
quedaba reducida a ver pasar el tiempo,
mirando ensimismada
musarañas de bruma,
tejiendo como ellas una tela invisible
de tristeza inefable ,
desamparo,
silencio y soledad.

Pero ¿a quién le aprovecha

revolver el estiércol
y hozar en las heridas?

Mejor mirar poniéndose

los anteojos rosas.
Redecorar tu mundo utilizando
lápices de colores,
reescribir tu historia a tu manera.

Contar únicamente

los días en que volvieron las alondras
a cantar en mi alero,
las tardes que esparcieron sobre el aire
su perfume las lilas,
las noches que alumbraron
con esplendor rabioso las estrellas.

Los ojos que han sabido

mirarme con tibieza y con ternura,
las manos que he tendido,
los besos que me han dado...

...El amor que yo di.


Habrá quien diga

que he perdido el juicio,
que miento,
o que fabulo
indecorosamente.

Pero ¿alguien nos dijo alguna vez

qué debemos guardar en la memoria?

La vida suele darte

media onza  de cal
y cuarenta de arena

No hay Siglo de Oro

que no guarde cadáveres debajo  de la alfombra.

Solamente los necios

en sus malos recuerdos se recrean.