martes, 30 de enero de 2018

Pequeña tragedia


Las pequeñas tragedias,

esas grandes  e íntimas catástrofes
,
que a todos nos sacuden,

se gestan en silencio.


Y le suelen pasar inadvertidas

al ojo que prefiere distraerse

 contemplando a distancia el morbo  de sal

 gruesa 

y obviedad que le brindan


vodeviles menores.


Todo ocurre

de forma solapada.


Poco a poco

va creciendo la luz y se van despertando

los rumores del día.


El corazón, cogido por sorpresa,

acopla como puede su latido

al ritmo que demanda el colosal esfuerzo

de mantenerse vivo y coleando.


Y el cuerpo se acomoda

a ir recomponiendose

-un parche por aquí, por allí un buen revoco-

sus muchos desperfectos.


Ya estoy casi dispuesta

para seguir danzando mientras el alma aguante

el baile desquiciado de los locos malditos

que sonríen y giran sin estar nunca alegres.



Solo falta la música.


Solo queda por ver si es que los pájaros

se avienen a aceptar

elcompartir conmigo sus canciones


Si así puedo  eludir

el dolor de  saberme

una sombra que vive para honrar sus recuerdos.


Una tristeza andante,

que vaga solitaria por las calles del mundo

rodeada de olvidos.