sábado, 15 de julio de 2017

Rebelión


Habrá que rebelarse,
habrá que abandonar la conveniente
virtud de las estatuas
de dejarse impregnar de indiferencia
y devolverle al frío la memoria
de que en lo más profundo es ardedura
y carne de temblor.

Habrá que estremecerse
y perturbar
los pilares más cómodos del aire
Habrá que permitir que la garganta
haga suyo aquel grito lacerado
de los ángeles necios,
 que a cambio de saber y de saberse,
de sentir y sentirse,
eligieron la opción de condenarse.

El cielo , según dicen,
les está reservado a los pacíficos
y el reino miserable de la tierra
a los pobres de espíritu.

La vida ,
ese milagro,
es solo de los lúcidos
que aprenden a llamarla por su nombre.