sábado, 6 de mayo de 2017

Miradas

A mis hijos



Hijo,
a decir  verdad,
en los últimos tiempos
decir , lo que es decirte,no te he dicho gran cosa.

Y todavía menos debiera haberte dicho.

Nunca quise tomarte por pretexto
a un discurso vacío, sobrado de palabras.

El día en que pusieron en mis mano
tu palpitante carne sonrosada
y tu página en blanco,
temblé
por si te me deshacías entre ellas,
me estremecí
por si la emborronaba.

Por eso es que apunté
apenas el trazado de unas líneas ,
-no siempre muy derechas,
más bien miran a lo alto-,
a vuelapluma,
a mano alzada
que se puedan borrar si llega el caso.
Si han de rectificarse,
que las corrija tu caligrafía
tal y cómo Dios manda.

Asideros
para que eches a andar mirando al frente
con las manos abiertas a dar y a recibir,
apoyos que te sirvan ,
si es que un día te caes,
para volver de nuevo a levantarte
con la frente muy alta.

Trazos livianos,
pautas invisibles
para aprender a domeñar la vida,
lo mismo que se doma a los caballos,
con el pulso bien firme y la voz mansa .
A capear, si llegan, temporales,
llevando tu sonrisa de paraguas,
a saber que ,si arrecia el vendaval
y no puedes zafarte,
uno se vuelve hoja,
y se jode,
y baila.

A llenar de agujeros tus bolsillos
por los que derramarte  sin ruindades;
a cargar con un saco a tus espaldas
dónde otra pregunta quepa siempre ,
aun sabiendo
de que si te tropiezas la respuesta
nunca será ni la mejor ni única.
A no guardar talentos en armarios.,
regalar sus favores y airearse

 es la mejor  receta para el alma,
librarse de dobleces
y desplegarse como un pañuelo al Sol
sobre la hierba fresca
a ver como las nubes se travisten
y a olvidar margaritas deshojadas.

A hacer de tu presencia ese perfume
que, por no molestar, ni alza la voz
y se hace imprescindible cuando falta,
y de tu corazón un palomar
que cobije el  cansancio de las aves de paso
arropado en tibiezas,
desde dónde
en cada amanecer levanta el vuelo
un hombre bueno,
y libre
para escribir su historia
cómo le venga en gana.

Que  al llegar la hora
de tu punto y final ,sea tu rastro
un fugaz resplandor , 

como de estrella
que nace y muere en noche  espléndida de estío
y es apenas un guiño risueño en el cristal
enamorado y nítido del agua.

No es mucho.
Ni está todo.
Ni hace falta.

¿ Qué más puedo decirte
que no haya adivinado en todos estos años
tan audaz,
tan curiosa,
tan cautiva
en mirarme a los ojos tan de frente
tan implacablemente lúcida ,
tan limpia ,
tu mirada?