domingo, 26 de marzo de 2017

Lo entrañable



Las mañanas tenían 
olor a chocolate con bizcochos
y sabor a ternura.


Las tardes eran largas
  y suaves como aquella cuesta abajo 
que lleva hasta el río,
entre campos de  lirios, repujados
de risas y canciones.

La noche era el momento
de la lumbre y la fábula,
de la arena en los ojos,
de las sábanas blancas y del beso en la frente
que espanta a los fantasmas y consigue
que sueñes en colores.

Del reposo....

Del bendito reposo descuidado
que nunca será igual.

Tierna y tibia ,
como un pájaro chico desvalido,
fue la felicidad.

Cosquillas en la punta de los dedos
nos hizo su caricia,
un aleteo tenue
que hasta  hizo soñar al alma candorosa
con cielos asequibles.

No culpéis a las manos,
se quisieron
nido y no sepultura.

Lo entrañable ,

ese prodigio mínimo que podría salvarnos,
existe para ser besado por el frío .