martes, 4 de abril de 2017

Cajón desastre



Una sota de bastos....
Tres tornillos
que dicen que ha perdido mi cabeza.
Un billete de bus, alguna pieza
de mi puzzle, recortes amarillos
de un periódico antiguo.
El relicario
-rencores que no saben de perdón-
de aquel amor que huyó -, un bandoneón
desafinado y el escapulario
con la jaculatoria que mi abuela
me enseñó por si arrecia la tormenta.

Un colmillo del diablo, alguna cuenta
aún sin ajustar. La única espuela
de jade que obedece el Unicornio;
los ensueños trenzados con sus crines,
mi bola de cristal, mis calcetines
de lana de dormir, un clavicordio
que aún me despierta una sonrisa
pues sabe de memoria esas canciones
que cantaba en mi infancia. Seis botones
con que cerraba mi alma su camisa.
Un gato disecado y el dibujo
de aquel canario afónico.

El anillo ,
fundido de ilusión y oro amarillo,
con que me desposé con la tristeza,
el rosario de plata con que reza
mi soledad de noche y huele a embrujo
de Sevilla en Abril. La celosía
que engatusó a la Luna, los caireles
con que engasté en su pelo tres claveles
emponzoñados de melancolía.

Todo eso y la sorpresa y el asombro
por el largo listado . Y lo vivido
en ausencias y en duelos , que no olvido,
por más que por respeto no los nombro.

Todo eso y el valor, casi extravío
para buscar tu rostro en el perverso
espejo en que se mira el universo
y aparentar repleto y ser vacío.

Y para qué contaros lo perpleja
que quedo cuando aún paro otro verso.


Es lo que tiene el ir llegando a vieja...