sábado, 22 de abril de 2017

Eruditos


Cada ameba se siente tan rara y singular
como ningún ser vivo y empeña su existencia
en idealizarse ,en la estulta creencia
de que es ella la única pobladora del mar.

Cada estrella del cielo se sabe un titilar
vacilante y efímero, fulgor e intrascendencia
feliz porque presiente que buscan su presencia
en la noche unos ojos para poder soñar.

Y en medio el desvarío del hombre que pretende
superarse escuchando el sonido exquisito
que improvisan sus tripas y descifrar su arcano.

Y termina por ser un necio que suspende
la asignatura básica, que a fuerza de erudito

nunca el calor conoce que emana de otra mano .