sábado, 22 de abril de 2017

Adicción


No había nadie alrededor que la viese.
 Pero de haberlo habido , tampoco la habría visto. 
Llevaba ya un buen rato ahí,más que quieta, hecha quietud , confundida con las sombras inertes que las cosas inmóviles depositaban en los rincones de la noche. 
Los músculos paralizados, la mente concentrada en escrutar el silencio, los ojos , fijos en un punto, intentando descifrar la oscuridad.
 Agazapada.
 Como la presa que presiente la presencia de la fiera.

Lo sintió llegar y un último resto de cordura le grito desde su interior 
-“! No lo hagas!”.
Demasiado tarde,hacía tres décimas de segundo que su instinto la había obligado a saltar hacia adelante. 
La luz brillante la cegó un momento. 
Una ráfaga de aire la pasó rozando la cara . 

Como siempre, cayó del otro lado y se golpeó las costillas, pero no sintió el dolor. Estaba demasiado absorta en la embriagante sensación de sentirse tan viva. Y tan agradecida de estarlo.

Aún se estremecía al recordarla cuando , ya en su cama y a punto de dormirse se dijo :
-“ No voy a volver a hacerlo”
Sabiendo que la convicción y la la fidelidad a sus promesas no eran precisamente sus mejores cualidades.

Y que la adrenalina corriendopor sus venas era una sensación demasiado intensa como para poder arrancarla.